sábado, 21 de agosto de 2010
La espiritualidad se verá en la comunión del creyente con la iglesia
El otro campo principal en cual se demuestra la espiritualidad personal es dentro de la iglesia. Ya hemos visto que una persona espiritual trata de mantener la unidad del Espíritu en la esfera que normalmente está, o sea de su propia iglesia local. Un espíritu de parcialidad, sectario o una persona que arma una banda o pandilla es prueba de carnalidad. La contribución positiva que un cristiano espiritual ofrece a la iglesia es mediante el ejercicio de sus dones espirituales. Más tarde vamos a considerar en detalle todo este asunto, pero en este momento sólo queremos resaltar sencillamente que el creyente espiritual debe ejercer sus dones espirituales en el poder del Espíritu Santo con relación a la iglesia universal y local. El cristiano que no es maduro favorece la división, pero el maduro favorece la unión por el empleo de sus dones (1Co. 12:25). Ni que decir tiene que el miembro de la iglesia que siempre está creando problemas y que constantemente pide que se le atienda no es una persona genuinamente espiritual. Pero el que sirve al Señor promoviendo el bienestar de la iglesia muestra una espiritualidad madura. El acusar a los hermanos es trabajo del diablo (Ap. 12: 10); el cuidar de los hermanos es obra del Señor por medio de sus hijos maduros. Esto es espiritualidad genuina y saludable. El concepto es el de una relación madura y progresiva con el Espíritu Santo que se demuestra en la vida personal de uno, en la vida familiar y en la vida de iglesia.
El dominio propio es fuerza interna.
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Gálatas 5:22-23. Todos nosotros nos hemos enfurecido y perdido los estribos, sólo para lamentarlo. Todos hemos permitido que nuestros horarios se sobrecarguen al punto de que, al mirar hacia atrás a la semana, debemos admitir nosotros mismos, si somos francos, que no nos hemos detenido para orar ni siquiera una vez. Todos nosotros hemos comido demasiado, aun cuando hemos jurado no hacerlo. ¿Quién no ha librado de nuevo la vieja batalla con la codicia, o la lujuria, o el materialismo, o la cólera, o la envidia? ...Hay una respuesta a este dilema diario, una solución que es fácil de identificar. Hay un secreto para contenerse..."Dominio propio"...esa es la clave...esa es la respuesta. El mejor sinónimo de dominio propio es "disciplina”. Dominio propio quiere decir "fuerza interna". El fruto del Espíritu es dominio propio. El dominio propio nos libra de la esclavitud. El dominio propio detiene los malos hábitos. Nos lleva a examinarnos y nos detiene.
Alérgico a…todo Pecado
Absteneos de toda especie de mal. — 1 Tesalonicenses 5:22
Una de nuestras nietas es alérgica a varios tipos de comidas. La leche, el queso, los huevos y el helado están entre los alimentos que tiene que evitar. Aun una pequeña cantidad de estas cosas le perjudica la salud. Ella no es la única a quien se le exige que evite ciertas cosas en la vida. Mientras que sus alergias tienen que ver con su bienestar físico, todos los que somos creyentes en Cristo debemos mantenernos alejados de ciertos peligros para mantener la salud espiritual. Las Escrituras nos dan indicaciones claras de cuáles son las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos». Toda especie de mal (1Tesalonicenses 5:22). Esto debe hacernos pensar en las decisiones que tomamos, ya que participar en lo que es claramente malo no es bueno para nuestra vitalidad espiritual. Cuestiones necias e insensatas (2Timoteo 2:23; Tito 3:9). Esto requiere discernimiento, porque algunos argumentos son apropiados para defender la fe. Sin embargo, aquellos para los cuales no hay respuesta o que no tienen un genuino respaldo sólo causan conflictos. Inmoralidad sexual (1Tesalonicenses 4:3). La Biblia dice que toda actividad sexual entre un hombre y una mujer fuera de los límites del matrimonio es inmoral (Génesis 2:24; Éxodo 20:14; 1Corintios 7:2; Hebreos 13:4). ¿Estamos dispuestos a hacer un esfuerzo para alejarnos de las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos»?
Para evitar el pecado, corta de raíz la tentación.
Una de nuestras nietas es alérgica a varios tipos de comidas. La leche, el queso, los huevos y el helado están entre los alimentos que tiene que evitar. Aun una pequeña cantidad de estas cosas le perjudica la salud. Ella no es la única a quien se le exige que evite ciertas cosas en la vida. Mientras que sus alergias tienen que ver con su bienestar físico, todos los que somos creyentes en Cristo debemos mantenernos alejados de ciertos peligros para mantener la salud espiritual. Las Escrituras nos dan indicaciones claras de cuáles son las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos». Toda especie de mal (1Tesalonicenses 5:22). Esto debe hacernos pensar en las decisiones que tomamos, ya que participar en lo que es claramente malo no es bueno para nuestra vitalidad espiritual. Cuestiones necias e insensatas (2Timoteo 2:23; Tito 3:9). Esto requiere discernimiento, porque algunos argumentos son apropiados para defender la fe. Sin embargo, aquellos para los cuales no hay respuesta o que no tienen un genuino respaldo sólo causan conflictos. Inmoralidad sexual (1Tesalonicenses 4:3). La Biblia dice que toda actividad sexual entre un hombre y una mujer fuera de los límites del matrimonio es inmoral (Génesis 2:24; Éxodo 20:14; 1Corintios 7:2; Hebreos 13:4). ¿Estamos dispuestos a hacer un esfuerzo para alejarnos de las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos»?
Para evitar el pecado, corta de raíz la tentación.
Enós un hombre que invocó a Dios.
Enós-invocando a Dios (Gn. 4:26; 5:6-11)
Set tenía 105 años de edad cuando le nació su hijo Enós (5:6). "Enós” significa “hombre” y proviene de una palabra hebrea que significa “frágil”, “débil”. Es la palabra para referirse a hombre lo que hace énfasis en lo frágil y débil que somos realmente en nosotros mismos. Algo sobresaliente se registra aquí en conexión con el nacimiento de este niño; es que en este tiempo, la gente empezó a reunirse para adorar a Dios, proclamar su nombre y orar. Hubo un avivamiento de la adoración pública y la oración de fe a medida que los descendientes de Set se empezaron a reunir en el nombre del Señor. Mientras los mundanos cainitas hacían alarde de su fuerza y arrojo (4:23-24), los piadosos setitas estaban dando gloria al nombre del Señor. A través de la historia sagrada, siempre ha sido un remanente temeroso de Dios el que ha mantenido funcionando la obra del Señor en este mundo. Vez tras vez, la nación de Israel se desviaba hacia la idolatría y el letargo espiritual, pero un remanente de creyentes se levantaba para mantener ardiendo la llama. Estas personas valientes clamaban a Dios por liberación, y Él les escuchó y contestó sus oraciones. Después del Diluvio, la pequeña familia de Noé fue el remanente que Dios usó para repoblar la tierra. El profeta Elías pensaba que era el único que estaba sirviendo a Jehová, pero había siete mil personas en la tierra que seguían siendo fieles al Señor (1 R. 19:9-18). Quienquiera que haya escrito el Salmo 119 era parte de un remanente fiel (v. 63), y los profetas escribieron acerca del remanente de creyentes que había en sus días (Is. 10:20-23; 37:31-32; Jer. 11:23; Mi. 4:7; Mal. 3:16). Isaías le puso como nombre a uno de sus hijos “Un remanente volverá” (Is. 7:3), y de hecho hubo un remanente que regresó a su tierra después del cautiverio babilónico. Dios los utilizó para reconstruir el templo y la ciudad de Jerusalén y para restaurar la nación judía como entidad política. ¿Cuántas personas necesita Dios para que el trabajo se realice? Tan sólo diez personas justas en Sodoma podrían haber salvado la ciudad de su destrucción (Gn. 18:16ss), y Jesús dijo que Él estaba presente si apenas dos o tres estuvieran reunidos en su nombre (Mt. 18:20). Jesús envió el Espíritu Santo en el Pentecostés para llenar de poder a 120 creyentes, y Pablo evangelizó el imperio romano con un diminuto equipo de hombres y mujeres que estaban completamente dedicados al Señor. Dios siempre, ha puesto su mirada en el remanente para que ore, confíe en Él y se encargue de hacer el trabajo. Así que, cuando la obra del Señor parezca estar fallando, y usted sienta que es el único que queda para servir al Señor, recuerde a Enós y al remanente piadoso de sus días que clamó al Señor. También recuerde este pasaje “Pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 S. 14:6).
Set tenía 105 años de edad cuando le nació su hijo Enós (5:6). "Enós” significa “hombre” y proviene de una palabra hebrea que significa “frágil”, “débil”. Es la palabra para referirse a hombre lo que hace énfasis en lo frágil y débil que somos realmente en nosotros mismos. Algo sobresaliente se registra aquí en conexión con el nacimiento de este niño; es que en este tiempo, la gente empezó a reunirse para adorar a Dios, proclamar su nombre y orar. Hubo un avivamiento de la adoración pública y la oración de fe a medida que los descendientes de Set se empezaron a reunir en el nombre del Señor. Mientras los mundanos cainitas hacían alarde de su fuerza y arrojo (4:23-24), los piadosos setitas estaban dando gloria al nombre del Señor. A través de la historia sagrada, siempre ha sido un remanente temeroso de Dios el que ha mantenido funcionando la obra del Señor en este mundo. Vez tras vez, la nación de Israel se desviaba hacia la idolatría y el letargo espiritual, pero un remanente de creyentes se levantaba para mantener ardiendo la llama. Estas personas valientes clamaban a Dios por liberación, y Él les escuchó y contestó sus oraciones. Después del Diluvio, la pequeña familia de Noé fue el remanente que Dios usó para repoblar la tierra. El profeta Elías pensaba que era el único que estaba sirviendo a Jehová, pero había siete mil personas en la tierra que seguían siendo fieles al Señor (1 R. 19:9-18). Quienquiera que haya escrito el Salmo 119 era parte de un remanente fiel (v. 63), y los profetas escribieron acerca del remanente de creyentes que había en sus días (Is. 10:20-23; 37:31-32; Jer. 11:23; Mi. 4:7; Mal. 3:16). Isaías le puso como nombre a uno de sus hijos “Un remanente volverá” (Is. 7:3), y de hecho hubo un remanente que regresó a su tierra después del cautiverio babilónico. Dios los utilizó para reconstruir el templo y la ciudad de Jerusalén y para restaurar la nación judía como entidad política. ¿Cuántas personas necesita Dios para que el trabajo se realice? Tan sólo diez personas justas en Sodoma podrían haber salvado la ciudad de su destrucción (Gn. 18:16ss), y Jesús dijo que Él estaba presente si apenas dos o tres estuvieran reunidos en su nombre (Mt. 18:20). Jesús envió el Espíritu Santo en el Pentecostés para llenar de poder a 120 creyentes, y Pablo evangelizó el imperio romano con un diminuto equipo de hombres y mujeres que estaban completamente dedicados al Señor. Dios siempre, ha puesto su mirada en el remanente para que ore, confíe en Él y se encargue de hacer el trabajo. Así que, cuando la obra del Señor parezca estar fallando, y usted sienta que es el único que queda para servir al Señor, recuerde a Enós y al remanente piadoso de sus días que clamó al Señor. También recuerde este pasaje “Pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 S. 14:6).
Dios es Bueno.
Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. —Salmo 9:9
Cuando mi cuñado Carlos era misionero en Mali, en África Occidental, tuvo un accidente de tránsito. Un hombre se cruzó en el camino, delante de su motocicleta. Como resultado del choque, mi cuñado y la moto se arrastraron por el suelo unos 60 metros. Poco después de recuperar el conocimiento, en el hospital, el doctor le dijo a Carlos que había «tenido mucha suerte». Él sonrió y contestó: «Dios es bueno». Tiempo después, se puso a pensar en lo que había pasado ese día. El hombre al cual atropelló no tuvo heridas de importancia ni duraderas, y él también se recuperó. Pero ¿qué habría sucedido si alguno de ellos moría? Entonces, pensó: Dios seguiría siendo igualmente bueno. Cuando experimentamos alguna tragedia, quizá dudamos de la bondad de Dios. ¿El Señor es siempre bueno? Sí, lo es. Él no promete que nunca nos sucederán cosas malas, pero sí afirma que es «nuestro amparo y fortaleza» (Salmo 46:1). No nos asegura que jamás atravesaremos circunstancias desgarradoras, pero sí promete que no estaremos solos (23:4). Dios es bueno; no importa el sufrimiento que estemos experimentando. Aunque no entendamos, podemos decir con Habacuc: «Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18).
Dios prueba nuestra fe para que confiemos en Su fidelidad.
Cuando mi cuñado Carlos era misionero en Mali, en África Occidental, tuvo un accidente de tránsito. Un hombre se cruzó en el camino, delante de su motocicleta. Como resultado del choque, mi cuñado y la moto se arrastraron por el suelo unos 60 metros. Poco después de recuperar el conocimiento, en el hospital, el doctor le dijo a Carlos que había «tenido mucha suerte». Él sonrió y contestó: «Dios es bueno». Tiempo después, se puso a pensar en lo que había pasado ese día. El hombre al cual atropelló no tuvo heridas de importancia ni duraderas, y él también se recuperó. Pero ¿qué habría sucedido si alguno de ellos moría? Entonces, pensó: Dios seguiría siendo igualmente bueno. Cuando experimentamos alguna tragedia, quizá dudamos de la bondad de Dios. ¿El Señor es siempre bueno? Sí, lo es. Él no promete que nunca nos sucederán cosas malas, pero sí afirma que es «nuestro amparo y fortaleza» (Salmo 46:1). No nos asegura que jamás atravesaremos circunstancias desgarradoras, pero sí promete que no estaremos solos (23:4). Dios es bueno; no importa el sufrimiento que estemos experimentando. Aunque no entendamos, podemos decir con Habacuc: «Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18).
Dios prueba nuestra fe para que confiemos en Su fidelidad.
Esmirna - Carta a creyentes empobrecidos, pero ricos.
Apocalipsis 2:8-11.
Naturalmente no nos gusta sufrir ni debemos procurar ningún tipo de sufrimiento sin una causa noble, un objetivo valioso, una razón valedera. Pero los verdaderos campeones resultan ser aquellos atletas que vencen el dolor en su esfuerzo, los que logran objetivos son los que pagan el precio de traspasar las adversidades. Pero el Sufrimiento por la causa del Señor parece ser una materia pendiente para muchos creyentes hoy en día, o un aspecto de la vida cristiana que solapada y cuidadosamente buscamos esquivar (Gal.6:12). En estos pasajes bíblicos se nos anticipa el sufrimiento por causa del Señor y se nos anima a pasar con fortaleza a través de las pruebas, sabiendo que para esto hemos sido puestos (Mt.5:11-12; Mt.10:28; Jn.16:33; Fil.1:27-28; 1 Tes.3:3; 1 P.2:19-20; 2 P.4:16-19). Finalmente recordamos aquello que dijo Pablo, todos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución (2 Ti.3:12).
La Asamblea (Ap.2:8)
Esmirna estaba situada a 57 Km. al norte de Efeso, y antiguas monedas la describen como la primera en Asia en hermosura y tamaño. Se enorgullecía de su estadio, su biblioteca, de poseer el mayor teatro público de Asia y de ser la ciudad natal de Homero. La religión pagana dominaba la silueta de la ciudad con diferentes santuarios, uno de ellos dedicado a Cibeles, otro a Zeus, principal dios del panteón griego de dioses. Consideraban que sus deidades eran la fuente de sus éxitos, pues era una esplendorosa ciudad de unos 200.000 habitantes. Así como en Efeso el creciente cristianismo provocó un histórico tumulto, la proclamación del Señorío de Cristo en Esmirna provocó violencia y persecución sobre los cristianos.
El Autor (Ap.2:8)
Cristo se presenta como la Suprema Deidad con su designación: “El Primero y el Postrero”, tomándola de Isaías 44:6. Fuera de Él no hay Dios. Pero en el plano humano se presenta identificándose con los creyentes en Esmirna como Él que estuvo muerto y resucitó triunfante. Él ya había pasado por lo que los creyentes en esta ciudad iban a pasar y tenían que enfrentar.
La Aflicción (Ap.2:9)
La situación por la que iban a pasar los creyentes de Esmirna era muy similar a la que el Señor atravesó. La rebeldía de judíos incrédulos, y la manipulación del poder romano que llevó a la muerte a Cristo se repetía en aquella ciudad de Asia, donde ahora se sumaba la obligación de rendir culto al emperador. En principio la fe en Señor Jesucristo les acarreó un injusto empobrecimiento, pues muchos fueron negados por sus familiares, quedaron sin empleos y perdieron sus bienes. Pero el Señor les testifica que ellos eran ricos espiritualmente, con tesoros acumulados en los cielos.
El Aliento (Ap.2:10)
Cristo nunca prometió eliminar o aliviar el dolor en nuestras vidas. Nos dio vida abundante, gozo interior y fortaleza para enfrentar aflicciones, sobre todo las que vienen por causa de Su Nombre. Los judíos eran falsos religiosos y detrás de ellos se movían los hilos de Satanás. El Señor les alienta diciéndoles: “No temas en nada lo que vas a padecer”. El ya estaba de vuelta, él ya había triunfado. El sufrimiento sería pasajero, la victoria será eterna. El Señor les promete la Corona de la Vida a los que pasasen la prueba sin negarle (2 Ti.2:11-12, Stgo 1:12). La fidelidad de ellos será públicamente recompensada.
El Animo (Ap.2:11)
Para enfrentar este duro sufrimiento y aun la muerte por causa de Cristo, ellos debían mantener en mente la perspectiva real de las cosas y de la vida. Ellos sufrirían un daño transitorio y mínimo, los demás sufrirán las consecuencias eternas de la muerte segunda. Como el salmista en el Salmo 73, recién pudo aquietar su alma cuando comprendió el fin de los impíos y quitó los ojos de la prosperidad transitoria que hoy ellos disfrutan. Unos 60 años después, Policarpo, dirigente de la iglesia en Esmirna, murió como Mártir de la fe cristiana quemado en una hoguera en aquella ciudad. Alguien tuvo oídos para oír al Espíritu Santo. ¿Los tenemos hoy?
Si desea estudiar las otras cartas del Señor Jesucristo a las Iglesias, le animamos a estudiar el Curso “Cartas para la Vida”, enseñado por el hermano Raúl Ferrero. Estas cartas son una antesala de preparación para todos los hijos de Dios, antes del arrebatamiento. ¡Como miembro de la Iglesia, estudie estas cartas y este listo para la venida del Señor Jesucristo!
Naturalmente no nos gusta sufrir ni debemos procurar ningún tipo de sufrimiento sin una causa noble, un objetivo valioso, una razón valedera. Pero los verdaderos campeones resultan ser aquellos atletas que vencen el dolor en su esfuerzo, los que logran objetivos son los que pagan el precio de traspasar las adversidades. Pero el Sufrimiento por la causa del Señor parece ser una materia pendiente para muchos creyentes hoy en día, o un aspecto de la vida cristiana que solapada y cuidadosamente buscamos esquivar (Gal.6:12). En estos pasajes bíblicos se nos anticipa el sufrimiento por causa del Señor y se nos anima a pasar con fortaleza a través de las pruebas, sabiendo que para esto hemos sido puestos (Mt.5:11-12; Mt.10:28; Jn.16:33; Fil.1:27-28; 1 Tes.3:3; 1 P.2:19-20; 2 P.4:16-19). Finalmente recordamos aquello que dijo Pablo, todos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución (2 Ti.3:12).
La Asamblea (Ap.2:8)
Esmirna estaba situada a 57 Km. al norte de Efeso, y antiguas monedas la describen como la primera en Asia en hermosura y tamaño. Se enorgullecía de su estadio, su biblioteca, de poseer el mayor teatro público de Asia y de ser la ciudad natal de Homero. La religión pagana dominaba la silueta de la ciudad con diferentes santuarios, uno de ellos dedicado a Cibeles, otro a Zeus, principal dios del panteón griego de dioses. Consideraban que sus deidades eran la fuente de sus éxitos, pues era una esplendorosa ciudad de unos 200.000 habitantes. Así como en Efeso el creciente cristianismo provocó un histórico tumulto, la proclamación del Señorío de Cristo en Esmirna provocó violencia y persecución sobre los cristianos.
El Autor (Ap.2:8)
Cristo se presenta como la Suprema Deidad con su designación: “El Primero y el Postrero”, tomándola de Isaías 44:6. Fuera de Él no hay Dios. Pero en el plano humano se presenta identificándose con los creyentes en Esmirna como Él que estuvo muerto y resucitó triunfante. Él ya había pasado por lo que los creyentes en esta ciudad iban a pasar y tenían que enfrentar.
La Aflicción (Ap.2:9)
La situación por la que iban a pasar los creyentes de Esmirna era muy similar a la que el Señor atravesó. La rebeldía de judíos incrédulos, y la manipulación del poder romano que llevó a la muerte a Cristo se repetía en aquella ciudad de Asia, donde ahora se sumaba la obligación de rendir culto al emperador. En principio la fe en Señor Jesucristo les acarreó un injusto empobrecimiento, pues muchos fueron negados por sus familiares, quedaron sin empleos y perdieron sus bienes. Pero el Señor les testifica que ellos eran ricos espiritualmente, con tesoros acumulados en los cielos.
El Aliento (Ap.2:10)
Cristo nunca prometió eliminar o aliviar el dolor en nuestras vidas. Nos dio vida abundante, gozo interior y fortaleza para enfrentar aflicciones, sobre todo las que vienen por causa de Su Nombre. Los judíos eran falsos religiosos y detrás de ellos se movían los hilos de Satanás. El Señor les alienta diciéndoles: “No temas en nada lo que vas a padecer”. El ya estaba de vuelta, él ya había triunfado. El sufrimiento sería pasajero, la victoria será eterna. El Señor les promete la Corona de la Vida a los que pasasen la prueba sin negarle (2 Ti.2:11-12, Stgo 1:12). La fidelidad de ellos será públicamente recompensada.
El Animo (Ap.2:11)
Para enfrentar este duro sufrimiento y aun la muerte por causa de Cristo, ellos debían mantener en mente la perspectiva real de las cosas y de la vida. Ellos sufrirían un daño transitorio y mínimo, los demás sufrirán las consecuencias eternas de la muerte segunda. Como el salmista en el Salmo 73, recién pudo aquietar su alma cuando comprendió el fin de los impíos y quitó los ojos de la prosperidad transitoria que hoy ellos disfrutan. Unos 60 años después, Policarpo, dirigente de la iglesia en Esmirna, murió como Mártir de la fe cristiana quemado en una hoguera en aquella ciudad. Alguien tuvo oídos para oír al Espíritu Santo. ¿Los tenemos hoy?
Si desea estudiar las otras cartas del Señor Jesucristo a las Iglesias, le animamos a estudiar el Curso “Cartas para la Vida”, enseñado por el hermano Raúl Ferrero. Estas cartas son una antesala de preparación para todos los hijos de Dios, antes del arrebatamiento. ¡Como miembro de la Iglesia, estudie estas cartas y este listo para la venida del Señor Jesucristo!
Misericordia más allá de la desdicha
Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen. Lucas 1:50
Un amigo mío muy querido se quedó junto a su esposa por casi un año mientras ella moría de cáncer. Me contó de tales ocasiones, cuando el Señor le dio misericordioso alivio del dolor. Dijo que era casi como si un ángel de misericordia estuviera volando en el cuarto.
Cuando soportamos la aflicción de la pérdida, hay misericordia. Cuando luchamos con las limitaciones de una discapacidad, hay misericordia. Cuando sufrimos las consecuencias de tratamiento injusto, hay misericordia con Dios. Cuando sentimos dolor físico, hay misericordia. Todas estas luchas terrenales que ocurren no son accidentes. Dios está en medio de ellas, obrando su voluntad soberana. Sí, es un misterio, lo que quiere decir que necesitamos misericordia especial para soportar la angustia y desdicha del dolor.
Un amigo mío muy querido se quedó junto a su esposa por casi un año mientras ella moría de cáncer. Me contó de tales ocasiones, cuando el Señor le dio misericordioso alivio del dolor. Dijo que era casi como si un ángel de misericordia estuviera volando en el cuarto.
Cuando soportamos la aflicción de la pérdida, hay misericordia. Cuando luchamos con las limitaciones de una discapacidad, hay misericordia. Cuando sufrimos las consecuencias de tratamiento injusto, hay misericordia con Dios. Cuando sentimos dolor físico, hay misericordia. Todas estas luchas terrenales que ocurren no son accidentes. Dios está en medio de ellas, obrando su voluntad soberana. Sí, es un misterio, lo que quiere decir que necesitamos misericordia especial para soportar la angustia y desdicha del dolor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)