JESÚS Y LOS
NIÑOS: Jesús les dijo: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida…..Juan 14: 6.
En diversos
evangelios, Jesús nos habla de los niños o nos pone en sus ejemplos a los
pequeño. El niño es un ser débil y humilde, que no posee nada, no tiene
ambición, no conoce la envidia, no busca puesto privilegiados, no tiene nada que decir en la avidez de los
adultos, el niño tiene conocimiento de su pequeñez y su debilidad. Jesús no
solo quiere demostrarnos su gran amor por nuestros niños, en los Evangelios la
sencillez de corazón es reclamada con insistencia, la limpieza y la humildad
del espíritu es un requisito indispensable para llegar al Reino de los Cielos.
En un
ocasión Jesús nos dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe
a mí, y el que me recibe a mí recibe a Aquel que me envió” Lc 9, 46-50
Sucedió que
a los discípulos de Jesús se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
El pensamiento nos juega a veces una mala pasada, excitando pasiones por la
codicia de la gloria, como les sucedió a algunos discípulos, entonces les vino
en el pensamiento la idea de preguntar quién de ellos sería el mayor o el más
grande. Parece que esta pasión nace cuando en una ocasión no pudieron curar a
un endemoniado y se culparon entre ellos la impotencia de unos a otros. En otra
ocasión ellos habían visto que Pedro, Santiago y San Juan, habían sido llamados
aparte y llevados al monte.
Pero Jesús,
conocía perfectamente bien el corazón de sus íntimos amigos, conocía lo que
pensaban y lo que sentían y se daba cuenta lo que ellos planeaban y tramaban en
su interior. Jesús, que sabe muy bien cómo salvar a los hombres de las caídas,
cuando vio que se suscitaba esta idea en la mente de sus discípulos como un
germen de amargura, antes que tomase incremento, la arrancó de raíz. Es así
como conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo:
EL
COMPORTAMIENTO DE UN CRISTIANO FRENTE AL HALOWEEN.
Está dicho
con toda dureza en el Apocalipsis:
"Felices
los que lavan sus ropas, porque así tendrán acceso al árbol de la vida y se les
abrirán las puertas de la ciudad. Fuera los perros, los hechiceros, los
impuros, los asesinos, los idólatras y todos los que aman y practican la
mentira." (Apocalipsis 22, 14-15)
Desde el
Antiguo Testamento, Dios advierte que no deben imitarse a los paganos que
promueven lo diabólico, y sí en cambio hay que entender que Dios ha dado cosas
diferentes (Deuteronomio 18, 9-14). En la noche del 31 de octubre evite el
simbolismo estrechamente asociado a lo pagano.
Halloween es
un evento satánico, no hay que dar rodeos. No es "neutro", porque el
mal no es neutro. Es necesario que usted tenga claro de qué se trata. Si usted
piensa en ese día para algo especial con los niños, no lo llame
"Halloween", sino de otra manera. Y explíqueles a los niños de qué se
trata, con el fin de que tenga claro que debe evitarse esa noche. No enseñe a
los niños que el mal es un juego, acláreles por el contrario las cosas y no
deje que se disfracen de nada diabólico.
"Al que
haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le
amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más
profundo del mar." (Mt 18, 6)
No voy a
decir que usted no haga algo especial con los niños la noche del 31 de octubre,
pero sí le sugiero que evite simbología macabra que atraiga a los niños hacia
lo malvado, y en su lugar use elementos tales que sea una celebración infantil,
no de otro tipo. Es decir NO celebre Halloween, sino que haga algo que no tenga
nada que ver con esa fiesta pagana. Los disfraces que sean infantiles de
verdad, con el rostro descubierto si es posible. Hay quienes sostienen que
disfrazarse es diabólico, pero no olviden que el problema no es un disfraz sino
lo que se hace con este; en este sentido, en el Nuevo Testamento, el término en
griego que usa San Pablo al decir que los servidores del diablo y Satanás mismo
se disfrazan , es el mismo término que en sentido positivo está en Filipenses
3, 21 (lo que critica Pablo es cambiar solamente en apariencia, no de fondo, o
de mostrarse como no se es para engañar y hacer daño).
Sea enfático
con los niños: ninguna fuerza maligna los puede tocar
Los niños
son muy susceptibles. Hágales entender que lo maligno no los puede tocar porque
Jesús es más poderoso. Jesús mismo lo dice:
"Mis
ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y
nadie las arrebatará jamás de mi mano.
Aquello que el Padre me ha dado lo superará todo, y nadie puede
arrebatarlo de la mano de mi Padre. Yo y
el Padre somos una sola cosa.” (Juan 10, 27-30)
Usted mismo
interiorice esta convicción y deje de pensar en que cualquier bobada podrá
afectar su alma. Esa forma de pensar es signo de debilidad, y si usted la
transmite a los niños los volverá débiles, y además propicia que las personas
se excusen en otros para cometer sus propias maldades (" es que el diablo
me hizo hacer tal o cual cosa..." dicen algunos para excusas su conducta).
No olvide esto: cada quien responde por lo que hace (Romanos 2, 6).
Sea consciente
de que Halloween es un día en que hay que tener cuidado
Esa noche
tenga precauciones. Realmente pueden pasar cosas malas, y no solamente porque
hay personas que adoran el mal, eso no es un mito
"El que
recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe
a Aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ése es el más
grande".
El niño
tiene el alma sincera, es de corazón inmaculado, y permanece en la sencillez de
sus pensamientos, el no ambiciona los honores, ni conoce las prerrogativas,
entendiéndose esto por el privilegio concedido por una dignidad o un cargo,
tampoco teme ser poco considerado, ni se ocupa de las cosas con gran interés. A
esto niños ama y abraza el Señor; se digna tenerlos cerca de sí, pues lo
imitan. Por esto dice el Señor (Mt 11,29): "Aprended de mí, que soy manso
y humilde de corazón".
Dos enseñanzas
muy claras, nos dejó aquí Jesús, una que
enseña simplemente que los que quieren ser más grandes deben recibir a los
pobres de Cristo por su honor, y otra los exhorta a ser párvulos en la malicia.
El mayor
será quien reconozca su más grande indigencia ante Dios, y será mayor quien más
ame al humilde.
En otra
ocasión Jesús dijo: Dejen que los niños se acerquen a mí Mc 10, 13-16
Le trajeron
unos niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Era costumbre bendecir los niños por los jefes de la sinagoga, los Judío tenían
por costumbre presentar sus hijos a los rabinos, de ellos los niños recibían la
bendición con imposición de las manos. Lo mismo que los hijos y discípulos se
hacían bendecir por sus padres y maestros. Así fue, como la gente trajo sus
hijos para que Jesús les impusiera las manos, pues veían en Jesús la facultad
de realizar milagros o actos extraordinarios. En ese momento Jesús estaba
enseñando, y los apóstoles no miraron con buenos ojos este proceder de los
padres y los niños, entonces ellos reprendieron a los muchachos, quizás
pensaron que molestarían al Maestro, también los niños deben haber actuado como
son hasta hoy, donde ellos ven cariño, se acercan con mucha confianza.
La
imposición de manos, si les evocaba la bendición de Jacob sobre sus hijos (Gen
48:14), también podríamos pensar en su necesidad para un efecto prodigioso,
como la hemorroisa.
El reino ha
de recibirse como los niños lo reciben. Conforme a las ideas del medio
ambiente, no se refiere tanto a la inocencia como a lo casi nada que para un
judío significaba un niño. Frente al orgullo y exigencia farisaicos, el reino
es simple don del cielo.
Si los
apóstoles querían impedir su acceso a él, aparte de lo que podría haber de
alboroto por acercarlos a Jesús, podrían pensar el que eran niños: cosa sin
gran valor para un judío.
Cuando
veamos a los niños acercarse al presbiterio, dejémoslo, esa confianza que a
ellos les inquieta se les confirma en el corazón, la presencia de Cristo en el altar,
allí está su cuerpo y sangre en cada eucaristía, aún más invitemos a los niños
al sagrario, digámosle que es el tabernáculo, enseñemos a nuestros muchachos a
orar, a hacer sus plegarias frente al santísimo, acostumbremos a nuestros niños
a ofrecer sus oraciones por ellos y por sus familia al Señor Sacramentado, es
justo eso lo que Jesús no está pidiendo, “Dejen que los niños se acerquen a mí
y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos”
Jesús no
solo quiere demostrarnos su gran amor por nuestros chicos, en los Evangelios la
sencillez de corazón es reclamada con insistencia, la limpieza y la humildad e
espíritu es un requisito indispensable para llegar al Reino de los Cielos y
Jesús quiere que todos lleguemos, por esa razón nos invita a ser como niños, porque
en ellos las virtudes no están contaminadas, siempre está presente la
docilidad, y la buena disposición.
Cuando un
niño asiste a una catequesis, oye, presta atención, pregunta y lleva a su
corazón lo aprendido y lo hace con sencillez, es así, como Jesús ve en los
niños el prototipo de sus discípulos, igual como los niños abren sus corazón,
sin contradicciones al espíritu, sin juzgar el plan Salvador de Dios, así
quiere nuestra disposición a oír los Evangelios.
Fomentemos
en nosotros y nuestros niños las virtudes de los infantes, inocencia, sencillez
de corazón, sinceridad, credibilidad, docilidad y buena disposición,
especialmente para descubrir en los Evangelios el camino para participar en la
pertenencia del Reino de los Cielos.
Según el
Evangelio de san Mateo, Jesús dijo: “Y el que reciba a un niño como éste en mi
nombre, me recibe a mí. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se
pierda ni uno solo de estos pequeños. Mt 8, 1-5. 10. 12-14
En aquel
tiempo, los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es
el más grande en el Reino de los cielos?". Encontramos en diversos
fragmentos del Evangelio, estos celos y ambiciones de los apóstoles por los
primeros puestos en el reino. Aún son aquellos hombres que fueron pescadores,
hombres de trabajos de Galilea y tierras judías, que a su modo se imaginan el
Reino de los Cielos. En otra ocasión, la madre de Juan y Santiago le pedirá a
Jesús los dos primeros puestos en su reino, ante esto, los otros 10 apóstoles
elevaron su reclamo. Y en la hora de la última cena, Jesús, le da una hermosa
lección de humildad, lavando los pies de cada uno de ellos.
Si nos damos
cuenta a leer con detenimiento este fragmento del Evangelio de Mateo, vemos que
la pregunta no es para saber quién de ellos va a ser más santo en el Reino,
sino quién de ellos tendrá una mayor dignidad o un puesto de mayor privilegio.
Según entendemos en el Evangelio según san Marcos, Jesús se sentó, ya que
venían de camino y había que descansar, y de este modo les responde con una
magistral lección, un bellísima parábola, llamó a un niño, lo puso en medio de
ellos, es decir también, delante de ellos y dijo: “Les aseguro que si no se
hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos”.
Es la gran
lección que da el Señor sobre la ambición y los honores. Como complemento a
esta enseñanza, les dice luego: El que se haga pequeño como este niño será el
más grande en el Reino de los cielos. Recordemos que los fariseos, se creían
con derecho al Reino, pero este privilegio se da como don gratuito de Dios.
Esta es la lección. Y se lo ha de recibir con la actitud de los niños, no tanto
por sus condiciones morales, sino por su inocencia y simplicidad. Entonces
Jesús nos enseña que hay que tener, pues, esta actitud moral para recibir el
reino: no como exigencia, sino como don gratuito de Dios.
La respuesta
de Jesús es nuevamente desconcertante en aquel tiempo para los discípulos y hoy
para muchos adultos, tal vez los apóstoles debieron quedar desilusionados, para
Jesús, el hacerse niño no es sólo condición para alcanzar la mayor grandeza en
el Reino, sino incluso, y así se los dice, si ustedes no cambian y no se hacen,
expresando que es requisito indispensable para ser admitido en el Reino.
¿Porque ser
como un niño y hacerse pequeño? El niño es un ser débil y humilde, que no posee
nada, no tiene ambición, no conoce la envidia, no busca puesto privilegiados,
no tiene nada que decir en la codicia de los adultos, el niño tiene
conocimiento de su pequeñez y su debilidad. Es así como nos hace saber Jesús,
que el más humilde será el más grande ante el Padre, como vemos, de nada
importa el nivel, la jerarquía o el rango y papel que se desempeñe en la
sociedad.
El niño al
igual que el pobre recibe con alegría lo que se le entrega cuando su necesidad
depende de los demás. Ese es el sentido de ese “hacerse como los niños”,
hacerse humilde y sencillo de corazón, empequeñecido en la sociedad respecto a
los puestos de jerarquía, esa es condición de Jesús para seguirlo, “El que no
renuncie a si mismo, no puede ser mi discípulo”
Tenemos
claridad que esa es nuestra situación ante Dios, es así como Jesús quiere que
sus discípulos, sus apóstoles, y todos nosotros seamos receptivos, sencillos y
humildes, con capacidad o disposición favorable para recibir y aceptar y la
grandeza espiritual en el servicio que El nos pide, esta es la conversión que
nos hará distintos y nos transformará en niños, pero al igual que ellos,
entendiendo que la que la niñez espiritual es una actitud interior de
dependencia y confianza en el Señor y todo esto, debemos hacerlo con gestos concretos
en el servicio a los más humildes, porque en cada pobre esta Cristo y el que
acoge a uno acoge a Jesús.
En efecto,
no olvidemos, que el que acoge al indefenso, al humillado, al marginado, esto
es, todo lo que hacemos por un hermano los hacemos también por Cristo.
Ser como
niños, es suprimir en el corazón la ambición y muchas veces esa envidia por
querer un puesto mayor, Pero la humildad no resulta fácil para muchos de
nosotros, porque ello implica renunciar a ciertos deseos de poder, de dominar
lo que erráticamente creemos necesitar, por tanto el ejemplo que nos dio Jesús
en el niño es esa humildad como manifestación pura que tiene la infancia al
estar exento de poder, pero si necesitados de un cuidado amoroso. Confiemos
esta protección a Dios y recordemos que por mucha edad que tengamos, jamás
dejamos de ser niños para nuestra madre, es así como confiemos en María, Madre
de Dios y Madre Nuestra, pidámosle a ella, ser como los niños que espera Jesús
de nosotros.
San Mateo
nos relata más adelante que Jesús dijo: “Les aseguro que si no se hacen como
niños, no entrarán en el Reino de los cielos. El que se haga pequeño como este
niño será el más grande en el Reino de los cielos” Mt 18, 1-4
La respuesta
de Jesús es nuevamente desconcertante en aquel tiempo para los discípulos y hoy
para muchos adultos, tal vez los apóstoles debieron quedar desilusionados, para
Jesús, el hacerse niño no es sólo condición para alcanzar la mayor grandeza en
el Reino, sino incluso el “si ustedes no cambian y no se hacen”, expresa que es
requisito indispensable para ser admitido en el Reino.
¿Porque ser
como un niño y hacerse pequeño? El niño es un ser débil y humilde, que no posee
nada, no tiene ambición, no conoce la envidia, no busca puesto
privilegiados, no tiene nada que decir
en la avidez de los adultos, el niño tiene conocimiento de su pequeñez y su
debilidad. Es así como nos hace saber Jesús, que el más humilde será el más
grande ante el Padre, de nada importa el nivel, la jerarquía o el rango y papel
que se desempeñe en la sociedad.
El niño al
igual que el pobre recibe con alegría lo que se le entrega cuando su necesidad
depende de los demás. Ese es el sentido
de ese “hacerse como los niños”, hacerse humilde y sencillo de corazón,
empequeñecido en la sociedad respecto a los puestos de jerarquía, esa es
condición de Jesús para seguirlo, “El que no renuncie a sí mismo, no puede ser
mi discípulo”
Tenemos
claridad que esa es nuestra situación ante Dios, es así como Jesús quiere que
sus discípulos, sus apóstoles, nosotros seamos receptivos, sencillos y
humildes, con capacidad o disposición favorable para recibir y aceptar y la
grandeza espiritual en el servicio que El nos pide, esta es la conversión nos
hará distintos y nos transformará en niños, pero al igual que ellos,
entendiendo que la que la niñez espiritual es una actitud interior de dependencia y confianza en el
Señor y todo esto, debemos hacerlo con
gestos concretos en el servicio a los más humildes, porque en cada pobre esta
Cristo y el que acoge a uno acoge a Jesús.
En efecto,
no olvidemos, que el que acoge al indefenso, al humillado, al marginado, esto
es, todo lo que hacemos por un hermano los hacemos también por Cristo.
Ser como
niños, es suprimir en el corazón la ambición y muchas veces esa envidia por
querer un puesto mayor, pero la humildad no resulta fácil para la muchos de
nosotros, porque ello implica renunciar a ciertos deseos de poder, de dominar
que erráticamente creemos necesitar, por tanto el ejemplo que nos dio Jesús en
el niño es esa humildad como manifestación pura que tiene la infancia al estar
exento de poder, pero si necesitados de un cuidado amoroso, confiemos esta
protección a Dios y recordemos que por mucha edad que tengamos, jamás dejamos
de ser niños para nuestra madre, confiemos en María, Madre de Dios y Madre
Nuestra, pidámosle a ella, ser como los niños que espera Jesús de nosotros.
“No les
impidan a los niños que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es
el Reino de los cielos” Mt 19, 13-15
Esta es la
segunda vez que aparece Jesús con los niños en los Evangelios, en esta ocasión
se los presentan. El motivo por que se los presentan es para que “les impusiese
las manos y orase por ellos.” Era costumbre hacer bendecir a los niños por
jefes de las sinagogas. Se pensaba que por la vinculación, como jerarcas, con
Moisés, a su oración e imposición de manos, habían de recibir la bendición de
Dios (Dt 34:9). Pero no sólo en estos casos, sino que también era costumbre que
los hijos y los discípulos se presentasen a sus padres y a sus maestros para
hacerse bendecir por ellos. En estos casos, la fórmula de bendición era
improvisada. Todo esto prueba el concepto de grandeza moral y prodigiosa en que
las gentes tenían a Jesús. Veían en su oración sobre ellos y en su imposición
de las manos, la facultad de realizar milagros o actos extraordinarios.
Fácilmente
podríamos imaginarnos la escena de esos momentos, tal vez alguna cierta
aglomeración de las mamas con sus hijos, intentando tener la preferencia de
presentación de sus niños. Según se entiende en el Evangelio, esto incomodó a
los apóstoles. Tanto, que ellos regañaron a las gentes. Lo que sucedía era que
en ese momento Jesús estaba enseñando, y los apóstoles no miraron con buenos
ojos este proceder de los padres y los niños, entonces ellos reprendieron a los
muchachos, quizás pensaron que molestarían al Maestro.
Pero esta
actitud de los apóstoles molesto a Jesús (Mc), quien les dijo que no les
impidiesen acercarse a él, porque de los que son como ellos es el Reino de los
Cielos. Frente a la actitud de los fariseos y de otros, Jesús señala la actitud
de los niños para ingresar en el reino.
Frente a los
fariseos, que se creían con derecho y exigencia del reino, Jesús señala de
quiénes es: de los niños. Considerados en aquel tiempo, como sin valor, reciben
el reino sin exigencia: como puro don gratuito del Padre.
Mateo y
Marcos, dicen que Jesús les “impuso” las manos; sin embargo Lucas lo omite.
Pero Marcos, lo describe minuciosamente: abrazándolos, los bendecía. El gesto
de la “imposición” de manos, era muy frecuente en Jesús, incluso en sus
milagros.
Así fue,
como la gente trajo sus hijos para que Jesús les impusiera las manos. Nosotros
no hemos visto a Jesús, no estuvimos junto a El, pero nos imaginamos que debe
haber tenido un atractivo cautivante, encantador, maravilloso, muchos los
seguían, querían tocarle, aunque sean los flecos de su manto, su afabilidad y
cordialidad, asombraban, y veían en El, facultad de realizar milagros o actos
sorprendentes. Con esta forma de ser de Jesús, los niños deben haber actuado
como son hasta hoy, donde ellos ven cariño, donde sienten paz, se acercan con
mucha confianza.
Con esta
lección de Jesús, cuando veamos a los niños acercarse al presbiterio,
dejémoslo, esa confianza que a ellos les inquieta se les confirma en el
corazón, la presencia de Cristo en el altar, allí está su cuerpo y sangre en
cada eucaristía, aún más invitemos a los niños al sagrario, digámosle que es el
tabernáculo, enseñemos a nuestros muchachos a orar, a hacer sus plegarias
frente al santísimo, acostumbremos a nuestros niños a ofrecer sus oraciones por
ellos y por sus familia al Señor Sacramentado, es justo eso lo que Jesús no está
pidiendo, "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el
Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Jesús no
solo quiere demostrarnos su gran amor por nuestros niños, en los Evangelios la
sencillez de corazón es reclamada con insistencia, la limpieza y la humildad e
espíritu es un requisito indispensable para llegar al Reino de los Cielos y
Jesús quiere que todos lleguemos, por esa razón nos invita a ser como niños, porque
en ellos las virtudes no están contaminadas, siempre está presente la
docilidad, y la buena disposición.
Cuando un niño
asiste a una catequesis, oye, presta atención, pregunta y lleva a su corazón lo
aprendido y lo hace con sencillez, es así, como Jesús ve en los niños el
prototipo de sus discípulos, igual como los niños abren sus corazón, sin
contradicciones al espíritu, sin juzgar el plan Salvador de Dios, así quiere
nuestra disposición a oír los Evangelios.
Fomentemos
en nosotros y nuestros niños las virtudes de los infantes, inocencia, sencillez
de corazón, sinceridad, credibilidad, docilidad y buena disposición, especialmente
para descubrir en los Evangelios el camino para participar en la pertenencia
del Reino de los Cielos.
¿Qué
significa: HACERSE COMO NIÑOS PARA ENTRAR AL REINO DE LOS CIELOS... Cómo se
hará esto posible?
"En
aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: "¿quién
es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?" - El llamó a un niño, le
puso en medio de ellos y dijo: -Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como
los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille
como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.
¿Qué
significa entonces «acoger el reino de Dios como un niño»? Comprendemos
generalmente: «acoger el reino de Dios como un niño lo acoge». Ello corresponde
a una palabra de Jesús en el evangelio de Mateo: «Si no cambiáis y no os hacéis
como los niños no entraréis en el reino de los cielos.» (Mateo 18,3) Un niño
confía sin reflexionar. No puede vivir sin confiar en quienes le rodean. Su
confianza no tiene nada de virtuoso, es una realidad vital. Para encontrar a
Dios, de lo que mejor disponemos es de nuestro corazón de niño que es
espontáneamente abierto, se atreve a pedir sencillamente, quiere ser amado.
Acoger un
niño, es acoger una promesa. Un niño crece y se desarrolla. Es así que el reino
de Dios nunca será en la tierra una realidad concluida, sino una promesa, una
dinámica y un crecimiento inacabado. Y los niños son imprevisibles. En el
relato del Evangelio, vienen cuando vienen, y con toda evidencia no es el buen
momento según los discípulos. Pero Jesús insiste en que hay que acogerles porque
están ahí. Asimismo hemos de acoger la presencia de Dios.
Jesús manda
a no despreciar a los niños:
“Mirad que
no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los
cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 18:10)
Cuantas
veces los niños son despreciados, poco atendidos, poco escuchados… simplemente,
no tomados en cuenta, ni aún por sus propios padres. Sin embargo un niño ¡tiene
ángeles que ven el rostro de Dios!, algo de lo cual ninguno de nosotros - por
más espiritual que sea – puede alardear.
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