sábado, 21 de agosto de 2010

Características de la espiritualidad.

Es mas fácil caracterizar la espiritualidad que definirla. Y las características bíblicas de la espiritualidad nos proveen de pruebas concretas por las cuales podemos determinar si una persona es o no es espiritual. ¡A decir verdad, son demasiado específicas para desafiarnos!
¿Cómo podemos saber si somos espirituales? Veamos las pruebas:

La espiritualidad es evidente en el creyente
En su carácter. Si la espiritualidad implica el control del Espíritu (Ef.5:18),y si el Espíritu ha venido a glorificar a Cristo (Jn. 16:14),entonces la persona espiritual manifestará a Cristo en su carácter y en sus acciones. El glorificar es mostrar, desplegar o manifestar. La evidencia de que el Espíritu Santo controla una vida no se encuentra en las manifestaciones del Espíritu sino en la presentación de Cristo.
El fruto del Espíritu (Gá. 5:22, 23) es una descripción perfecta del carácter de Cristo; así que el cristiano que es espiritual mostrará amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Estos son los rasgos que describirán su carácter.
En su conducta el creyente espiritual imitará a Cristo. Uno de los énfasis equivocados de la enseñanza de la vida victoriosa hoy consiste en rebajar este aspecto de la verdad. Se nos dice que no imitemos a Cristo porque esto implica un esfuerzo que es obra de la carne; más bien, deberíamos sencillamente dejar que Cristo viva su vida en nosotros. La verdad es que no necesitamos inclinarnos por una de estas dos opiniones, porque ambas son escriturales.
Cristo vive en mí, y la vida que ahora vivo la vivo por fe en el Hijo de Dios (Gá. 2:20), pero también se me exhorta que «siga sus pisadas» ( 1P. 2:21) y a andar como él anduvo ( 1Jn. 2:6).
Obviamente si se deja al Espíritu Santo producir el carácter de Cristo en un individuo, la vida que viva imitará a Cristo. Uno de los estudios más provechosos de los Evangelios consiste en tomar nota de los detalles de la vida del Señor que nosotros, como seguidores suyos, haríamos bien en imitar. He aquí algunas sugerencias.
En su ministerio y vida pública el Señor mostraba siempre compasión (Mt. 9:36; 14:14; 15:32; 20:34; Mr.6:34; 8:2; Lc.7:13). Siempre se veía su amor por la gente ( Mr. 10:21; Lc. 19:41). Constantemente ofrecía ayudar a otros antes que se lo pidieran (Mr. 8:7; 12:15; Lc. 13:12, 13; Jn. 5:6), sirviéndolos tanto en sus necesidades físicas como espirituales ( Jn. 6). Buscaba a la gente para poderles llevar el mensaje de Dios (Mt. 4:18; 9:35; 15:10; Mr. 4:1; 6:2; Lc. 4:14), y su ministerio bendecía los corazones de los oyentes ( Lc. 24:32).
El secreto de tal ministerio público se encuentra en su vida personal, porque nuestro Señor conoció y empleó la Palabra de Dios (Mt. 4), y constantemente mantenía comunión con su Padre celestial por medio de la oración (Mt. 14:23; Mr. 1:35; Lc. 5: 16; 6: 12; 9:18 y 29; 11:1). Estos son algunos detalles del modelo que el cristiano debería seguir para moldear su vida de forma que la gloria de Dios resplandezca en ella. El cristiano espiritual tiene un carácter semejante al de Cristo y lo muestra en su conducta cristiana.

Escrito por: Charles Ryrie. Fecha de publicación 5/26/2010 9:49 AM

El Alfarero soberano

Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. Isaías 64:8

Es una noción terriblemente irreal pensar que Cristo nos hace vivir felices siempre; ¡eso es absolutamente contrario a la Biblia! La mayor parte de la vida es aprender y crecer, caerse y volver a levantarse, perdonar y olvidar, aceptar y seguir avanzando.
Sabemos que el Alfarero soberano está obrando con nuestro barro como Él quiere. He observado unos pocos alfareros en su trabajo. Es divertido. Les he visto de repente aplastar el barro y empezar todo de nuevo. Cada vez que lo hacen, el barro resulta con un aspecto totalmente diferente. Y los alfareros talentosos pueden empezarlo vez tras vez; y cada vez es mejor y mejor.
Dios es el Alfarero, nosotros somos el barro. Él es el que da las órdenes; nosotros somos los que obedecemos...Él está moldeándonos a la imagen de su Hijo.

Escrito por: Charles R. Swindoll. Fecha de publicación 5/27/2010 9:06 AM

¡Atención Joven, ya tenemos un Ciclo especial para Ti!

El Salmo 119:9 dice: "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra". Es realmente precioso ver como Dios no solo se ocupa en hacernos saber como Él quiere que el cristiano viva su vida, sino que Él nos provee divina y sabia instrucción para caminar cerca suyo. ¡Él siempre va mas allá y nos da una precisa instrucción sobre como lograrlo! Un estimado profesor enseñando sobre el Salmo 19 nos dice:
- La Palabra de Dios es “perfecta” (vs.7) está palabra hebrea podríamos traducirla como "completa, exhaustiva, suficiente".
- La Palabra de Dios puede "volver sabio al sencillo" (vs.7), es decir competente para enfrentar con prudencia y sabiduría los embates de la vida.
- La Palabra de Dios también "alumbra los ojos” (vs.8) y esto se refiere al hecho que la Palabra de Dios es pura, sin pecado, sin error, es clara, iluminadora. La Sagrada Escritura provee luz y entendimiento a aquella persona que desea vivir rectamente.
Realmente necesitamos las Escrituras día tras día, porque únicamente la Palabra de Dios es tan poderosa y comprehensiva que puede convertir o transformar a la persona completa y cambiar a alguien para que llegue a ser la persona que Dios quiere que sea. Ahora te pregunto ¿Deseas llegar ser aquella persona que Dios quiere? ¿Estas en esa lucha?
Nosotros como participantes de la misma batalla deseamos ayudarte y por eso
con mucho esfuerzo habilitamos en el Instituto Bíblico de BBN, un nuevo Ciclo para los jóvenes y para quienes se sientan jóvenes. Te presentamos una selección de preciosos estudios enfocados especialmente en ti. Deseamos desafiarte a continuar estudiando la Biblia para que ella se grabe en tu memoria, gobierne tu corazón y guíe tus pasos.

Escrito por: Equipo de trabajo del BBNBI. Fecha de publicación 5/28/2010 4:50 PM

Tómelo por fe.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:9

A pesar de nuestra investigación, y de todo nuestro estudio de la Biblia, nunca podremos verlo todo con claridad, y captar por completo, y entender y responder a todas las preguntas. Eso está más allá de nuestra comprensión; un rompecabezas, un misterio.
"Mantén un corazón quieto," Elisabeth Elliot dice: "El hoy es mío. Si veo con ansiedad a la niebla del futuro, forzaré mis ojos espirituales tanto que no veré con claridad lo que se requiere de mi hoy."
Mucho de lo que sucede en la vida simplemente tenemos que tomarlo por fe. Las respuestas no se presentarán. Estas son las tensiones de la realidad, y si naufragamos en las tensiones, no podremos viajar más. Así es como nuestro Padre celestial lo planeó.

Escrito por: Charles R. Swindoll. Fecha de publicación 6/1/2010 10:09 AM

¿Cómo puedo ser feliz en mi matrimonio cuando mi esposo(a) no comparte mi fe en Cristo?

El hecho de que usted y su esposo(a) no compartan la misma fe en Cristo puede crear una serie de problemas en su matrimonio. En un momento determinado, las diferencias en lo que ustedes creen pueden parecer un problema menor. Pero con el tiempo, esas diferencias crecen y se convierten en desapego y resentimiento, obstruyendo la intimidad y creando una barrera significativa.
Es común que en el matrimonio haya sentimientos de soledad y aislamiento. Cualquiera de los que estamos casados puede empezar a perder la pasión por sus esposos(as). Pero un creyente que está casado con un incrédulo podría luchar aun más con la soledad, el aislamiento y el resentimiento.
El desafío que usted tiene como creyente es hacer todo lo que pueda para crear un ambiente en el que su esposo(a) acepte a Cristo como Señor y Salvador. Aquello que impactará a su esposo(a) a aceptar a Cristo es que usted exhiba amor cristiano.
Amar a su esposo(a) significa dar prioridad a las necesidades de él o ella antes que a las suyas propias. Es invitarlo(a) a disfrutar una relación más profunda con usted esperando que en el futuro también compartan una relación con Jesucristo. Es ser veraz y honesto acerca de sus sentimientos y permitir a su compañero(a) la misma libertad de tener y expresar sus pensamientos y sentimientos. La comunicación abierta y el respeto mutuo ayudan a definir una relación llena de amor.
Mientras ama a su esposo(a), permanezca también comprometido(a) con Dios y con sus valores. Siga orando, yendo a la iglesia y leyendo la Biblia. Ore por su esposo(a) Colosenses 1:9; Hebreos 4:16). Tenga comunión con otros creyentes (1 Tesalonicenses 5:14; Hebreos 10:25). En 1 Corintios 7:14, el apóstol Pablo explicó que el cónyuge incrédulo es “santificado” por medio de la relación con un cónyuge salvo. Esto significa que el esposo o la esposa no salvo(a) se coloca en un lugar de privilegio especial por el hecho de vivir con un cónyuge salvo. Por ejemplo, un hombre no salvo que tiene una esposa que ora por él sinceramente y vive una vida cristiana delante de él en el hogar, está en una posición donde las condiciones son favorables para su salvación. No sólo lo influye la esposa, sino que otros creyentes que conocen la condición espiritual del hombre también orarán por él.
Pero trate de no forzar a su esposo(a) no creyente. Puede que se sienta manipulado si usted trata de animarlo a ir a la iglesia o a leer la Biblia con usted. Tratar de conseguir que vaya a la iglesia o que ore con usted es inútil. Los incrédulos no tienen base para querer eso. ¿Por qué habrían de orar si no tienen fe? Forzarlos a actividades como ir a la iglesia los puede alejar de la verdad del evangelio. De hecho, el apóstol Pedro dijo a las esposas creyentes que se ganaran a sus esposos incrédulos “sin palabra” por la “conducta casta y respetuosa” y “el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible” (1 Pedro 3:1-4).
Recuerde que su fe será probada. Puede haber momentos en que sienta que sus esfuerzos no valen nada, que no están marcando ninguna diferencia en su esposo(a). Su compañero(a) hasta podría interpretar mal sus motivaciones en algunos momentos y alejarse de usted. La distancia que siente le puede hacer desear desistir.
Durante esos períodos de soledad con su compañero(a), admita sus legítimos sentimientos de pérdida y desilusión por no tener un matrimonio más feliz. Llévelos a Dios en oración, porque Él consuela a los que sufren (Mateo 5:4). Dios no promete felicidad conyugal, pero nos da algo muchísimo mejor: una fe restaurada, esperanza, gozo, paz y amor (Salmo 119:116; 147:11; Romanos 15:13). Dios usa los tiempos difíciles como esos para producir paciencia y carácter en nosotros, obrando para nuestro beneficio (Romanos 8:28; Santiago 1:2-4).

Escrito por: Editores de Nuestro Pan Diario. Fecha de publicación 6/2/2010 10:03 AM

Chequeo Pre-Matrimonial.

Las expectativas para el matrimonio varían en muchas maneras. Algunos se casan por motivaciones equivocadas tales como: atracción física, seguridad financiera, seguridad física, estabilidad emocional, compatibilidad sexual, para liberarse de los padres, escapar de un hogar malo, una pobre auto imagen, aprobación, y la lista continúa. Tarde o temprano estos motivos se manifestarán y pondrán el matrimonio en peligro. Cada uno debería ser absolutamente honesto y abierto con el otro antes de casarse. Deberían tener la libertad de hacerse preguntas ya sea de lo social, espiritual, físico o cualquier cosa que pudiese ser una parte del pasado del otro. Honestamente preverán futuros impactos que podrían salvar su matrimonio. De hecho, cada relación romántica requiere la prueba del tiempo, como así también la prueba de una separación ocasional. Esta es una práctica fundamental para determinar la Voluntad de Dios. Tiempo separados hará crecer el corazón más cariñoso, ya sea en aquel con quien planeas casarte o por alguien más. Asegúrate que tu relación ha experimentado la prueba del tiempo.
Dios planeó que muchas de nuestras necesidades individuales se suplan a través del matrimonio. La necesidad de compañerismo, familia, aceptación social, intimidad sexual y muchas otras necesidades son logradas a través del matrimonio. “Por eso dejará el hombre a su padre y su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Efesios 5:31). Dios ordenó el matrimonio para el confort, la felicidad y el beneficio de la humanidad. Es parte del plan original de Dios. No es una relación que ha evolucionado. No es una costumbre en la cual el hombre cayó en los tempranos días de la raza humana. No es un mero arreglo o relación que es temporario y hecho por hombres. Es de origen Divino como parte de la creación de Dios, que Dios ordenó para ser una obligación de por vida del uno para el otro. “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Marcos 10:9). Es Su Institución Ordenada para que los hombres y mujeres se unan en una relación física y emocional y tengan el privilegio de traer niños a este mundo.
No hay relación sobre la tierra tan cercana y sagrada como la relación de matrimonio. Sobrepasa a la relación de hijo a madre o padre. Nuestro Salvador, Él mismo, determinó que el hombre debe dejar a su padre y a su madre y unirse a su mujer (Génesis 2:24). Esto no debe ser tomado en el sentido de que un hombre sea negligente con su padre o madre, lejos sea de eso. Esto significa que la relación matrimonial y sus obligaciones están primero. Desde el momento en que un hombre y una mujer se paran ante el altar matrimonial, su más alto deber es el uno para con el otro.
Un Ministro del Evangelio debería consumar el matrimonio cristiano. Es una ceremonia tan solemne, tan cargada de posibilidades de bueno o malo, tan ligada con el destino eterno de las vidas de personas, que un modo frívolo o de mal gusto en ella no debería ser tolerado. En el matrimonio, dos corazones y dos vidas se unen, llegando a ser una por el resto de sus vidas. Este fue el plan original de Dios para el matrimonio antes de la caída del hombre en pecado. “Por tanto, dejará el hombre su padre y su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Génesis 2:24). Uno es el único número que no es divisible.
Aquí tenemos una famosa frase que nos da la perspectiva de Dios sobre el matrimonio. “Si Dios hubiera querido que la mujer gobernase sobre el hombre, la hubiera sacado de la cabeza de Adán. Si la hubiera diseñado para ser su esclava, la habría sacado de sus pies. Pero Dios sacó a la mujer del costado de Adán, para que fuese su ayuda idónea y co-igual con él” (Agustín).

Escrito por: Dr. Lowel Davey. Fecha de publicación 6/3/2010 9:24 AM

¡MATRIMONIO, fue Su idea!

Compromiso

El matrimonio es un vínculo que solo puede ser disuelto por la muerte. La ceremonia se enfoca en un pacto entre dos personas que intercambian votos y se prometen uno a otro “amor, honor y cuidado hasta que la muerte los separe”. La ceremonia anticipa exclusivo compromiso de futuros eventos a pesar de lo que pase. “Para mejor o para peor, en enfermedad o en salud, en pobreza o en riqueza.” Estas dos personas se presentan ante Dios y hacen un pacto que solamente la muerte puede anular. No nos resulta difícil pensar que los ángeles del cielo silencian sus canciones y se admiran silenciosamente mientras votos santos son tomados, y dos corazones y vidas son unidos por designios Divinos. Una ceremonia tan santa, tan sagrada, tan llena de destino que como cristianos, debería ser hecha en la presencia de cristianos que entiendan lo sagrado de la ocasión. Que no seamos culpables de tratar livianamente el plan divino.
¿Qué les espera a estas dos personas si para ellos el matrimonio es probar la bendición que Dios intentó que fuese? ¿Qué deben tener ellos en sus corazones? ¿Qué sustentará esta nueva relación? ¿Habrá algunos ajustes o conflictos? Vamos a considerar algunos de aspectos:

Flexibilidad y Entendimiento
Cada pastor de una iglesia sabe la verdad de esto. Cuando dos vidas se unen, hay, necesariamente, por un tiempo, un ímpetu de vida contra vida. Todos nosotros procedemos de diferentes trasfondos, familias, temperamentos y personalidades. Muchos ajustes deben ser hechos, y cada uno debe tener mente y corazón entendidos para combinar estas relaciones juntos. Se debe empezar por entender que hay una gran diferencia entre la manera de pensar de un hombre y la de una mujer. Cosas que son importantes para una mujer son insignificantes para un hombre, y cosas que son importantes para un hombre son insignificantes para una mujer. Rápidamente se descubren aquellos hábitos, gustos e inclinaciones que difieren mucho más ampliamente que lo que pensábamos durante aquellos maravillosos días de cortejo de novios. Si ambos fueran idénticos, el matrimonio rápidamente se tornaría aburrido. Dios nos hizo diferentes para que pudiéramos complementarnos uno a otro mientras maduramos.
La mejor manera de hacer estos ajustes es usar frecuentemente las siguientes cinco palabras: “Lo siento, perdóname, te amo.” Un versículo para fortalecernos en esto es: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). Al descubrir tantas diferencias, algunas parejas a veces crecen descorazonadas y concluyen al fin que su matrimonio fue un espantoso error. Entendamos una vez más, que el matrimonio requiere sacrificio y ajustes del uno para el otro.

Escrito por: Dr. Lowel Davey. Fecha de publicación 6/4/2010 3:50 PM